Las valientes del 57

08/03/2017

Pese a que la oficialización del 8 de marzo como día internacional de la mujer se hizo por parte de la ONU en el año 1975, los orígenes del día internacional de la mujer parecen perderse en las nieblas de la historia (sí, con eso tienen que cargar también las mujeres). Sin embargo, el origen más verosímil de por qué se celebra el día internacional de la mujer precisamente el 8 de marzo, parece estar en el puñado de valientes trabajadoras del sector textil que el 8 de marzo de 1857 salió a las calles de Nueva York, para protestar por las miserables condiciones de trabajo que debían soportar. Por desgracia no hay documentos gráficos del acontecimiento, pero esas mujeres debían parecerse mucho a las que ilustran estas líneas.

Hoy ya han pasado 160 años desde que esas admirables valientes del 57 dijeran basta, y se echasen a la calle. Desde entonces sus hijas, nietas, bisnietas, y tataranietas, (si tal vez no de sangre, sí de espíritu) siguen echándose a la calle todos los 8 de marzo. Si después de 160 años las herederas de las valientes del 57, tienen que seguir saliendo a la calle para reclamar justicia, equidad, voz e incluso protección, nuestra sociedad, y haciendo un símil con la escala temporal geológica, está todavía en el Pleistoceno.

Centrándonos en el ámbito de la Salud y Seguridad en el Trabajo, precisamente hoy la Agencia Europea para la Salud y Seguridad en el Trabajo nos recuerda que las “mujeres representan el 45 % de la población activa en la Unión Europea. Sin embargo, sigue habiendo demasiados lugares de trabajo que se diseñan desde la perspectiva típicamente masculina.”

La prevención de riesgos laborales se hace (o debería hacerse) desde el diseño del lugar de trabajo. Si desde la concepción del puesto no se tienen en cuenta las necesidades específicas de las trabajadoras, las consecuencias se reflejarán en los datos siniestralidad laboral. En este sentido, el análisis de los datos proporcionados por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social acerca de partes cerrados como enfermedades profesionales correspondientes al año 2016  indica que el 51,7% de todos los casos de enfermedades profesionales fueron padecidos por mujeres.

Un análisis más detallado de estos datos, revela que el grupo de enfermedad con mayor número de casos tras los trastornos musculo-esqueléticos, es el de las enfermedades infecciosas causadas por el trabajo de las personas que se ocupan de la prevención, asistencia médica y actividades en las que se ha probado un riesgo de infección. En este grupo de enfermedades, el 83,4% de los casos han sido sufridos por mujeres. Es innegable que en estos sectores hay una mayoría femenina abrumadora, pero el dato acerca de la incidencia de enfermedades en este caso particular debe hacernos reflexionar acerca del hecho que nos recuerda, precisamente hoy, la Agencia Europea para la Salud y la Seguridad en el Trabajo.

En general a la hora de planificar la acción preventiva, siempre deben tenerse en cuenta las particularidades y características de las personas que desempeñarán la tarea objeto de estudio. En el caso particular de los Equipos de Protección Individual (EPI), dado que se trata de un accesorio que el usuario suele llevar puesto, esta consideración resulta fundamental en la lucha contra los accidentes y enfermedades profesionales.

Así, en sectores como los que indicábamos más arriba, debemos considerar, las particularidades fisionómicas de las trabajadoras femeninas. Tomando como ejemplo el ámbito sanitario y de prevención (y otros que puedan asimilarse), y teniendo en cuenta que las principales vías de entrada de los agentes infecciosos (sin contar con las punciones dérmicas) son a través de la piel y por inhalación; a la hora de seleccionar los EPI a utilizar como barrera protectora frente a los agentes patógenos deberemos tener muy presente que, por ejemplo las dimensiones faciales de las mujeres suelen ser algo más pequeñas que las de los hombres, por lo que deberemos prestar gran atención a que la talla de protector respiratorio que seleccionemos se ajuste perfectamente a las dimensiones de las caras de los usuarios, o a que las tallas del vestuario y guantes de protección sean las adecuadas para cubrir todas aquellas zonas que necesitan protección.

En resumen, el recordatorio de la Agencia Europea para la Salud y Seguridad en el Trabajo nos debe servir de estímulo para abandonar la concepción meramente masculina del puesto de trabajo para pasar a un análisis pormenorizado de las necesidades de protección de los puestos de trabajo.