Enfermedades profesionales más frecuentes (IV). Hipoacusia

01/03/2017

Cuando en agosto de 2016 comenzábamos esta mini-serie de entradas de blog relacionadas con las enfermedades profesionales, indicábamos que estas dolencias son las grandes olvidadas en el ámbito de la prevención. Hoy queremos llamar la atención sobre una de las enfermedades profesionales más frecuentes y que a la vez pasa más desapercibida ya que lo que provoca es un silencio total: la hipoacusia. 

La hipoacusia o la pérdida auditiva es un proceso al que todos estamos más o menos expuestos, en primer lugar, porque el proceso de envejecimiento conlleva de forma natural, una pérdida de audición más o menos manifiesta. En segundo lugar, los sonidos forman parte de nuestra vida cotidiana, las fuentes de ruido extralaborales contribuyen en ocasiones a la pérdida de audición. Actividades extralaborales como el trabajo con herramientas en el ámbito doméstico, disparo de armas de fuego, o escuchar música a gran volumen pueden ejercer un efecto acumulativo sobre la pérdida natural de audición debida a la edad. Sin embargo, la pérdida de audición inducida por ruido se relacionada fundamentalmente, con la exposición al ruido en los centros de trabajo.

La hipoacusia es un proceso irreversible provocado por lesiones de las células ciliadas de la cóclea, que forma parte del oído interno. En este proceso, las primeras frecuencias audibles que se ven afectadas son las próximas a los 4000 Hz (ruidos agudos), extendiéndose posteriormente al resto de frecuencias. Somos conscientes de la lesión cuando se ven afectadas las frecuencias conversacionales. El problema principal de la hipoacusia, aparte del hecho de la propia pérdida de audición en sí, es que es un proceso gradual, progresivo e indoloro.

La hipoacusia provocada por la exposición a niveles de ruido excesivos, es la enfermedad profesional más frecuente en Europa y representa aproximadamente una tercera parte de las enfermedades de origen laboral, por delante de los problemas de la piel y el sistema respiratorio.

La exposición prolongada a niveles de ruido de más de 85 dB(A) es potencialmente peligrosa. Sin embargo, el nivel del ruido no es el único factor a tener en cuenta, ya que el tiempo de exposición también determinará el alcance del daño. Adicionalmente, se deberán tener en consideración exposiciones conjuntas a determinados tipos de sustancias químicas y a ruido.

La incidencia de la pérdida auditiva en el medio laboral no es algo baladí, ya que según el estudio descriptivo de enfermedades profesionales editado por el INSHT la incidencia de esta enfermedad es la segunda mayor después del síndrome del túnel carpiano, con un 29,74% en el periodo estudiado (2007-2012)

Según datos de este estudio, y pese a que prácticamente en todos los ámbitos laborales los trabajadores son susceptibles de estar expuestos a niveles de ruido excesivos, los sectores profesionales con mayor incidencia de esta enfermedad son:

  1. Metalurgia fabricación de productos de hierro, acero y ferroaleaciones
  2. Fabricación de productos metálicos, excepto maquinaria y equipo
  3. Fabricación de otro material de transporte
  4. Industria del papel
  5. Fabricación de maquinaria y equipo

 La prevención del ruido en el trabajo debe hacerse siguiendo las indicaciones establecidas en el RD 286/2006. En lo relativo al uso de Equipos de Protección Individual (EPI), dicho Real Decreto establece una serie de acciones a llevar a cabo según los niveles de ruido evaluados. En la Tabla 1 podemos ver un resumen de dichas medidas a llevar a cabo.

 

Como siempre, el uso de EPI debe ser considerado únicamente cuando el resto de medidas preventivas no ha conseguido limitar la exposición al riesgo. Sin embargo, es necesario tener una serie de cuestiones a la hora de utilizar los protectores auditivos.

Así, uno de los pasos fundamentales a la hora de seleccionar un EPI es el conocer detalladamente la normativa asociada a los distintos tipos de equipos que pueden ser utilizados como elemento de protección. En este sentido, la Tabla 2 proporciona una relación de las normas aplicables a los distintos protectores auditivos presentes en el mercado:

Adicionalmente, los factores que deberemos tener en cuenta en relación a la selección y uso de protectores auditivos se pueden agrupar de una forma muy resumida en dos clases:

  • Factores acústicos. En la selección de los protectores auditivos, deberemos tener en consideración de un protector auditivo adecuado se ha de tener en cuenta las características propias del ruido tales como:
    • nivel de presión acústica;
    • contenido en frecuencia;
    • características impulsivas;
    • importancia de las comunicaciones.

Con todo ello deberemos recordar que reducción proporcionada por el protector deberá situar en nivel de ruido por debajo del nivel de acción correspondiente a cada país (Lact ) (véase Tabla 3) Para la evaluación del nivel de atenuación ofrecido por el protector auditivo, pueden seguirse varios métodos, siendo el más recomendable el método de bandas de octava.

 

 

  • Factores no acústicos. Adicionalmente a los factores acústicos, debemos considerar otros factores ambientales tales como:
    • Temperatura y humedad del ambiente de trabajo. La temperatura y humedad excesivas en el ambiente de trabajo pueden provocar sudoración en caso de uso de orejeras, por lo que podría ser necesario el uso de tapones auditivos. En caso de no poder hacer uso de los tapones, podría recurrirse al uso de cubre-orejeras higiénicos absorbentes, en cuyo caso deberíamos tener en cuenta que los niveles de atenuación ofrecidos por la orejera se verán reducidos.
    • Condiciones de suciedad en el ámbito de trabajo. Estas condiciones pueden provocar la irritación de la oreja o la infección del canal auditivo.
    • Presencia de maquinaria con partes móviles. En estas condiciones, el uso de tapones con cordón puede provocar atrapamientos indeseados.
    • Incompatibilidad física. Deberán tomarse en consideración las características físicas del canal auditivo de los usuarios.
    • Necesidad de comunicación durante el trabajo.
    • Compatibilidad con otros equipos. En caso de que las condiciones de trabajo requieran del uso de otros EPI, debemos asegurarnos que no interfieran en el correcto funcionamiento del protector auditivo seleccionado.

Por último, y de forma complementaria a todos los factores a considerar, debemos hacer hincapié una vez más en la necesidad de que el EPI que vayamos a utilizar cumpla con los requisitos esenciales de salud y seguridad que marca el RD 1407/1992. Además, debemos hacer uso del equipo según las indicaciones del fabricante. Como hemos comentado en numerosas ocasiones, el uso de equipos que no estén debidamente certificados, expondrá al usuario a los riesgos presentes en su medio laboral proporcionando una falsa sensación de seguridad. Del mismo modo, hacer uso de los equipos sin seguir rigurosamente las indicaciones del fabricante supondrá una merma sustancial de los niveles de protección previstos por el fabricante del equipo.