Enfermedades profesionales más frecuentes (III). Bursitis de la rodilla

19/01/2017

Con esta nueva entrada del blog, retomamos la mini-serie dedicada a las enfermedades profesionales más frecuentes en España. Dentro de las enfermedades profesionales, los trastornos musculo-esqueléticos ocupan un papel preponderante lo cual puede comprobarse consultando las estadísticas acerca de los partes cerrados por enfermedad profesional año tras año.

 

Uno de los trastornos musculo-esqueléticos más habituales es la bursitis de la rodilla, enfermedad profesional históricamente relacionada con profesiones que requieren que el trabajador permanezca en posición arrodillada, como empleadas domésticas, techadores, montadores, parquetistas, etc. En efecto, según los datos presentados por el Observatorio Estatal de Condiciones de Trabajo, la bursitis de la rodilla está dentro de las 20 enfermedades profesionales más frecuentes en España, por delante de patologías como la silicosis.

 

La bursitis es una enfermedad que se desarrolla como respuesta a una tensión friccional que se aplica directamente sobre la rótula, o como consecuencia de algún golpe o caída. Los síntomas de esta enfermedad son un dolor progresivo en la zona de la rodilla, que se agudiza cuando ésta se flexiona. Se produce una tumefacción de los tejidos blandos de la zona, un aumento de temperatura y rojez en la zona de la rodilla.

 

Los trabajadores que desarrollan bursitis ven reducida la movilidad de la rodilla como consecuencia del dolor experimentado.

 

Las técnicas de prevención pasan principalmente por evitar en la medida de lo posible las tareas que requieren flexión de la rodilla, o las posiciones arrodilladas durante largos periodos de tiempo. En el caso de que el trabajo requiera específicamente de una posición arrodillada, se deberían alternar con tareas que no requieran de esta postura o que permitan el movimiento de la articulación.

 

Adicionalmente, se puede recurrir al empleo de equipos de protección individual (EPI) en forma de rodilleras, que se usarán durante los periodos de trabajo que requieran estar arrodillado.

 

Como EPI, huelga decir que estos equipos deben de estar debidamente certificados, deben entregarse con el folleto informativo correspondiente y deben incorporar el marcado especificado por la norma correspondiente, además del marcado CE preceptivo.

 

Si no hacemos uso de una rodillera que incorpore todos estos elementos, no estaremos utilizando un protector que ha superado todos los controles y ensayos descritos en la norma UNE-EN 14404:2005:A1:2010, no tendremos ninguna garantía de estar usando un equipo que ofrece una protección real y contrastable, y como consecuencia de ello la salud de las rodillas de los trabajadores estará en entredicho. Si utilizamos una rodillera que no incorpore todos los elementos que mencionábamos antes, estaremos utilizando un “apaño” que no ofrece ninguna garantía de protección, y que podría estar al mismo nivel que utilizar un trozo de cartón o una esterilla de gimnasio. Todo ello sin contar que estaríamos contraviniendo lo establecido en el RD 773/1997 sobre utilización de EPI por parte de los trabajadores, el cual obliga a entregar a estos equipos debidamente certificados.

 

La norma UNE-EN 14404:2005+A1:2010, que como adelantábamos antes, define los requisitos aplicables a las rodilleras, define una serie de tipos y niveles de prestación destinados a ajustarse a las necesidades de protección y a las particularidades de la tarea a desarrollar.

 

Así, y en relación a los tipos de rodillera, encontraremos una clasificación de protectores que en función de la forma de unión al cuerpo del usuario:

  • Rodilleras Tipo 1: Rodilleras, independientes de cualquier otra prenda y sujetadas a la pierna.
  • Rodilleras Tipo 2: Rellenos de espuma plástica u otro material, insertados en las perneras de los pantalones o unidos permanentemente a los pantalones.
  • Rodilleras Tipo 3: Dispositivos no unidos al cuerpo, pero colocados en el lugar a medida que el usuario se desplaza. Pueden ser para una sola rodilla o para ambas.
  • Rodilleras Tipo 4: Protectores para una sola rodilla o para ambas, que forman parte de otros dispositivos con funciones adicionales, tales como un marco para ayudar a levantarse o a arrodillarse. Las rodilleras pueden llevarse sobre el cuerpo o ser independientes.

 

Además, existe otra clasificación dependiendo del nivel de protección exigido:

  • Nivel 0: rodilleras sólo apropiadas para su uso en superficies planas, y que no proporcionan protección contra la penetración.
  • Nivel 1: rodilleras apropiadas para su uso en superficies planas o irregulares. Proporcionan protección hasta una fuerza de 100 N.
  • Nivel 2: rodilleras apropiadas para su uso en superficies planas o irregulares en condiciones severas. Proporcionan protección hasta una fuerza de 2500 N.

 

La información relativa al tipo de rodillera y a su nivel de protección deberán especificarse en el marcado del equipo (en las Tipo 2, deberá indicarse en el pantalón), que también deberá dar información acerca de la talla del producto, indicar el número de la norma, el nombre del fabricante, entre otras informaciones relacionadas con la seguridad.

 

Como indicábamos, la rodillera también deberá entregarse con su correspondiente folleto informativo, donde el fabricante deberá de incluir, además de toda la información requerida por el marcado, datos acerca de cómo seleccionar las rodilleras en función del nivel de prestación requerido, las tallas disponibles, y las dimensiones corporales del usuario con las cuales se relacionan, cómo elegir la rodillera correcta, cómo ajustársela, y cómo comprobar su ajuste; un aviso sobre los cambios ambientales, tales como cambios en la temperatura, que pueden reducir significativamente las prestaciones de las rodilleras; un aviso sobre la no existencia de protectores que proporcionen una protección total contra daños, y detalles de los problemas que pueden presentarse; y un larga lista de informaciones adicionales que tienen como único fin el garantizar que el usuario haga uso del EPI que necesita y que lo utilice en la forma en la que el fabricante ha previsto con el objetivo de que ofrezca la protección esperada.

 

Como vemos, no estamos únicamente ante una rodillera, sino que estamos ante un equipo que ha sido diseñado con el único fin de aportar su granito de arena en la preservación del usuario. El hacer uso de equipos no certificados o el recurrir a “remedios caseros”, o directamente no utilizar los equipos, en aquellos casos en los que se ha determinado necesario su uso, no hará sino incrementar la incidencia de esta enfermedad, que se cuenta entre las enfermedades profesionales más frecuentes en España, con el coste laboral y social que ello implica.